Si no te has unido
a la verdadera vacuidad,
nunca comprenderás
el Arte de la Paz
Ocho fuerzas sostienen la creación:
Movimiento y quietud,
solidificación y fluidez,
extensión y contracción,
unificación y división.
No dejes
de aprender de
la voz pura del
arroyo de montaña
que fluye eternamente
salpicando las rocas.
Para practicar adecuadamente el Arte de
la Paz, debes:
Calmar el espíritu y retornar
a la fuente.
Eliminar toda malicia, egoísmo y deseo
para limpiar el cuerpo y el espíritu. Sentir eterna gratitud por los dones
recibidos del universo, de tu familia,
de la Madre Naturaleza y de tus semejantes.
Alberga y refina
el espíritu del guerrero.
Mientras prestas tu servicio en el mundo;
Ilumina el Sendero
de acuerdo a tu luz interior.
Día tras día
adiéstrate a ti mismo,
refinando tu técnica:
¡Usa el Una para atacar lo Múltiple!
Esa es la disciplina del guerrero.
Muévete como un haz de luz:
Vuela como el rayo,
Golpea como el trueno,
Gira en círculos alrededor
de un centro firme.
Manifiesta yang
con tu mano derecha,
equilibrándolo con
el yin de tu izquierda,
Y guía a tu compañero.
Brota de la Gran Tierra;
Alzate como las Grandes Olas;
Enraizate como un árbol,
descansa como una roca;
Usa el Uno para atacar Todo.
¡Aprende y olvida!
Libre de toda debilidad,
no tendiendo a ignorar
el crudo ataque
de tus enemigos:
¡Osa y actúa!
El fracaso es la clave del éxito.
Cada error nos enseña algo.
En el momento
en que un guerrero
confronta al enemigo,
Todas las cosas
caen bajo el foco de su mirada.
EL Arte de la Paz es completar lo faltante.
A izquierda y derecha,
evita todos
los cortes y paradas.
¡Capta los pensamientos de tu oponente
y disípalos!
Si concibes
el Arte de la Paz,
este difícil sendero,
tal como es,
abarca el círculo del cielo.
Esteban Ricalde

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